Semana Santa
Los rituales religiosos de muchos lugares del mundo combinan la fe con manifestaciones exteriores de gran diversidad. Largas procesiones, cánticos, bailes, ceremonias son sólo algunas de las expresiones que cada pueblo elige para celebrar sus creencias.
Sin embargo, algunas de estas evocaciones públicas resultan perturbadoras para el público que no está habituado o para los turistas que visitan el lugar. Esto precisamente es lo que sucede en la ciudad de Cutud, en Filipinas, donde la Semana Santa tiene un contenido tan místico como sangriento.
Cuando llega el Viernes Santo, Cutud se apresta a recrear la Pasión de Jesucristo, pero no en términos teatrales o artísticos, sino de profundo recogimiento y religiosidad, donde el precepto indica "compartir" con Jesús su sufrimiento, literalmente.
Para ello, cientos de feligreses, promesantes y devotos, son "crucificados" a grandes cruces de madera para sentir en carne propia los propios dolores del Salvador y así redimir sus faltas, agradecer los dones recibidos o pedir nuevas gracias. Los afilados clavos de 13 cms. de largo traspasan sus enervadas articulaciones fijándolos a los maderos en donde permanecen largas horas, algunos incluso días, para dar cuenta de su devoción y su fe.
Pero la "recreación" no sería completa sin un par de centuriones romanos que llevaran a los que serán crucificados a golpe de látigo hasta el sitio donde vivirán esta experiencia religiosa en un espeluznante trayecto de 2 kilómetros. El dolor es auténtico, el castigo es verdadero, la sangre comienza a correr en los cuerpos de los penitentes y la gente se agolpa para tocarlos pues consideran que hay algo del espíritu de "Dios" en estos hombres que les permite tolerar tanto sufrimiento.
Cada año, la celebración redobla la apuesta, y ya es posible ver a mujeres e incluso a turistas que se suman a participar crucificándose en este macabro espectáculo. Es increíble el contraste de los maderos ascendiendo con las personas clavadas a ellos, mientras miles de turistas fotografían la escena. Si bien esta original tradición se inició en Filipinas con la llegada de los españoles en el Siglo XVI, los habitantes de Cutud aseguran que se encuentra entre sus celebraciones más queridas y que ninguna ley o protesta les hará cambiar el sentimiento que les provoca vivir estas experiencias cada Semana Santa.
Una muestra más de la intensidad de algunas festividades en Asia.